lunes, 9 de agosto de 2010

Gays: 1, Iglesia Católica: 0

Aunque en los principales periódicos de hoy se destacó que el Cardenal Norberto Rivera calificó de "aberrante" el hecho de que la SCJN haya aprobado los matrimonios entre homosexuales y que, si bien la mayoría del pueblo mexicano sigue apostando por la religión católica, uno y los otros no han caído en la cuenta de que, en u país democrático, la ley impone.

A la par de calificar de "aberrante" la decisión de la Corte, el Cardenal declaró que la unión entre homosexuales "jamás podrá ser el equivalente a la expresión sexual del amor conyugal y al ejemplo de la familia" Pero, ¿a qué expresión sexual del amor conyugal se refiere? Seguramente a la que indica que el fin del acto sexual es la procreación y que sataniza el uso de anticonceptivos en las prácticas sexuales, siendo que, la población más vulnerable al contagio de VIH y otras enfermedades derivadas de el ejercicio sexual, son las amas de casa "encadenadas" al machismo en cuanto al uso de control natal y sus maridos apoyados por la Iglesia.

Pero el problema aquí no es la opinión del Cardenal, obviamente con tendencia moralista del siglo pasado, sino la atención que los medios le prestan a sus cantaletas dominicales, pues, por lo visto ni medios, ni la propia iglesia se han dado cuenta de que el Estado quedó separado de la religión desde tiempos de Don Benito Juárez y al publicar su discursos tan predecibles, lo único que hacen es dar a entender que la opinión de esta institución y sus allegados sigue importando en la Democracia si así le podemos llamar a este sistema.

No es difícil darse cuenta del estado de putrefacción de un modelo de gobierno de los más rescatables como lo es la democracia, cuando el Cardenal puede opinar libremente en un sistema supuestamente laico y atacar una determinación de la máxima autoridad en el país ante un hecho necesario como la aprobación del matrimonio homosexual y por otro lado ser "tapadera" de reales aberraciones como el abuso de sacerdotes, quienes por obvias razones son homosexuales, en niños inocentes.

Como es de esperarse, el hombre que representa a la iglesia Católica en el país, cumple con los requisitos para el puesto, pues, al igual que muchos mexicanos, maneja una doble moral muy marcada y está poco enterado de los cambios que han ocurrido en la familia durante las últimas décadas, pues, el desgastado modelo de matrimonio y sus hijos, ha probado su ineficacia y poco a poco se queda en el olvido, irónicamente, la única familia funcional en México, es la michoacana.

Faltan temas por discutir en la Corte, entre ellos la aprobación de la propuesta para que parejas homosexuales adopten menores y se espera que una vez más el marcador favorezca a este sector de la población que paulatinamente está saliendo de la oscuridad.

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