jueves, 21 de noviembre de 2013

Yo, India.

Que padecemos el Síndrome del Conquistado, eso no cabe duda, nos sentimos menos, nos vemos de reojo y con recelo como mexicanos que somos todos, sin importar la clase social ni el idioma. Como respuesta a este sentirnos poco comparados con otros países, nos violentamos de maneras insospechadas.

Violencia, una palabra que en el imaginario social nos remite golpes pero que va más allá de eso, son actitudes de humillación, discriminación, de hacer menos a quien se nos atraviese, tenemos esa horrenda maña de usar palabras hirientes hasta como saludo: gorda, indio, negro, bizca, flaco y un largo etcétera para encasillar las diferencias. Todas lastiman, todas flagelan, pero hay una que molesta más que todas, INDIO.

Indio es una palabra que he oído hasta el hartazgo, que he dicho para ofender y hoy me arrepiento de eso. Pero tristemente consideramos que ser indio o indígena es malo  y lo usamos como la mayor ofensa posible, cuando, a menos que seamos naturalizados mexicanos, todos llevamos sangre indígena corriendo por nuestras venas. Para los snobs quizá resulte ofensivo pero es la realidad.

Olvida tus apellidos españoles, eso no te hace más ni te quita lo criollo, no te hace más que aquel purépecha, mixe, otomí, por el contrario te hace menos porque eres una mezcla, ellos son de sangre pura y llevan las raíces del país en sus actos, su vestimenta, sus rasgos y costumbres, son el corazón de nuestro país y nos hemos dado a la tarea de mantenerlos en la sombra por vergüenza o exhibirlos como objetos exóticos.

Es deprimente ver que nuestros indígenas sean llevados al extranjero para montar un freak show, alimentando la idea de que todos en México así somos, unos "pobrecitos indios" que no sabemos nada. Los extranjeros que opinen lo que gusten, lo grave, lo indignante es que dentro del país naveguemos con esa bandera, que nos creamos mejores porque nacimos en las ciudades y entonces viene la mofa de la vestimenta, de su mal español, de sus rasgos peculiares. 

Despierta mexicano, los indígenas son tan humanos, tan inteligentes, tan valiosos como tú que tienes carrera, que te vistes de marca, la única diferencia entre ellos y nosotros es que traen cargando siglos de represión, de ser usados, esclavizados por quien se cree superior, que defienden sus costumbres y su idioma. 

Piensa mexicano que tiene más valor quien, a sabiendas de las burlas usa su ropa tradicional, no te creas superior porque tienes un estilo único o perteneces a una tribu urbana, deja de reírte de su vestimenta, sus peinados, ellos traen a México sobre sus cuerpos.

No te pido que los alabes, que te les pongas de rodillas, simplemente respeta, trátalos como tratarías a tus amigos, como a cualquier otro mexicano, no los veas como un objeto de adorno, son seres humanos que necesitan y merecen igualdad porque su sangre también la traes dentro, somos raza de bronce, defendamos lo nuestro y dejémonos de creer más que nadie, simplemente somos únicos, reconozcamos su valor social y procuremos que los nuestros hagan lo mismo. 

Ahora puedo decir que estoy orgullosa de este país, que quiero lo mío, que soy feliz con mis rasgos, el color de mi piel, mis raíces y soy feliz así, no me siento menos, ni más que nadie y extiendo mi reconocimiento a toda nuestra población indígena, prometiéndome jamás usar la palabra INDIO como ofensa, espero que puedas hacer lo mismo.

martes, 12 de noviembre de 2013

El día que muera.

Hay un punto extraño en la vida donde todos nos hacemos preguntas importantes que dejamos para después por miedo a lo que vendrá, las personas tememos la muerte, pero estamos tan asustados de vivir que postergamos los momentos valiosos de la vida. Vamos por ahí como autómatas con las mismas frases, la fórmula segura, el camino ya trazado.

Soy ordinaria, un ser humano normal con sueños, ilusiones, defectos, muchos defectos y un costal de virtudes para regalar y también me pregunto cosas de la vida que un día se esfumará. Dejo ahora por entendido que siempre hará falta tiempo, que las personas se van el el momento menos oportuno...o a menos eso se piensa. Tengo la firme creencia que nadie en esta vida vive por vivir y que nadie vive ni menos ni más de lo que le toca. 

Para mí no hay personas, hay lecciones que se aprenden o se dejan pasar, somos energía y eso vamos dejando en las vidas ajenas y yo quiero dejar esa huella el día que abandone esta tierra. Pienso en la muerte porque es parte de esta vida y quiero trabajar en ella antes de que llegue a mí. 

El día que me vaya de este mundo no quiero lamentaciones, disfrútenme mientras viva, dénme lo que me quieran dar y si quieren quererme, adelante. Sabré que mi existencia valió si ustedes me recuerdan, si les aporté algo para su propia vida, si los hice felices y los amé.

Quiero una fiesta en mi honor, un brindis por lo que fui, quiero ser un bello recuerdo, quiero tocar corazones y trascender, saber que me extrañarán pero que su vida seguirá sin mí. El día que mi cuerpo quede sin vida, permítanme dar vida con mis órganos, destácenme en nombre de la ciencia y despúes prendan fuego a la estructura que cargó mi espíritu, quiero ser polvo.

Reúnanse en Pie de la Cuesta, la primer playa que yo conocí y tírenme en el mar, dejen que el agua me lleve a donde la vida empezó, quiero ser de nuevo un cangrejo bello. Por favor no me entierren, no lo soportaría...

No quiero que se asusten, tengo ganas de vivir, amo vivir pero solo me prestaron el cuerpo un rato y nunca se sabe cuándo me lo pedirán de vuelta, el alma es mía y esa se las dejaré, esa vivirá con ustedes si la aceptan...prendan una veladora en mi honor, no lloren cuando me vaya porque yo quiero darles alegría...

viernes, 8 de noviembre de 2013

Abrazo

Que todo comience por un tierno, húmedo y lento beso, que sea un comunión de amor, de deseo, que el beso entibie el cuerpo, que las manos se muevan, temerosas de las formas nuevas pero seguras en el terreno tan anhelado.  Besar tu cuello, lamer tus orejas en cada rincón, oírte gemir, pedir más, pedirlo con voz tierna y entrecortada, sentir tu pecho ardiendo y confortarlo con caricias ruidosas, estrujarte, sentir tus manos de hombre en mi cuerpo deseoso. Bajar lentamente sobre tu cuerpo, morder tus muslos, chupar tus ingles y encontrarse de frente con eso que te hace varón. Verlo erguido, húmedo, besarlo con deseperación, succionar, morder, besar cada centímetro, cada pliegue. Que dé vida, que te den ganas de llevarlo dentro. Subir en tus piernas y dejar que entre despacio en mi cuerpo, recibirlo al ritmo de la pasión, mover frenética las caderas entre tus manos, que suban despacio y se encuentren con los senos deseosos de besos. Llevar mis labios a tu rostro, a tu cuello a tu pecho, poner mis dientes por el camino. Tenerte sobre mí, dentro de mí, descargando tu furia, dejándote llevar por los instintos, golpeando mi rostro, mis muslos y fundir todo en un abrazo dulce. Explotar juntos, gritar, aguantar la respiración, sentir la inundación entre las piernas. Prolongar el abrazo y empezar de nuevo.