lunes, 2 de marzo de 2015

Renuncio a esta generación.

Y no es un acto de locura ni arrebato, es una decisión planeada y para ejecutar ahora, derivada del hartazgo de vivir en esta época que no elegí y quise nunca.

Nací en 1988, año Dragón, según los chinos, año de cambios, a casi nada de entrar en la década mágica que fueron los 90. Viví una infancia feliz, muy feliz hasta que entró Salinas a escena y nos condenó a ser familias, antes clasemedieras, ahora miserables que ganan dos o tres salarios mínimos.

La mía es una generación difícil, de cambios políticos y económicos que nos obliga a "godinear", una generación llena de expectativas familiares y gubernamentales que nos dijo que estudiar era el camino, pero su camino significaba ganar 7 mil pesos al mes y sufrir 10 horas en un cubículo y 4 más en el transporte público.

Nos vendieron el "sueño capitalino" de ser ejecutivos de cuenta, asistentes de cuenta o cualquier término rimbombante para designar a la carne de cañón que se encarga de llenar reportes, vender televisión por cable o lo que sea, siempre bajo las políticas de la empresa y con bonos de puntualidad, de productividad y cuanta bondad más se le ocurra a Recursos Humanos.

Crecimos con ideas del siglo pasado, bajo reglas morales que dictan aún el matrimonio como la salvación de las almas y los hijos como la cúspide de la feminidad, pero nadie nos dijo que formar una familia cuesta dinero, esfuerzo, sangre y lágrimas, básicamente porque el ideal de papá-mamá-hijos-perro se redujo a mamá-hijos o papá-hijos o bien mamá-hijo-televisión. Y todo, todo por la puta crisis.

Los del 88 nacimos en cierta armonía, vivimos infancia de abundancia, de salir los domingos y luego fuimos abofeteados por la realidad del PRI y sus desmadres del 94, recibimos el 95 en crisis, en pobreza, teniendo que ver por primera vez a nuestras madres, tías, conocidas salir a "perseguir la chuleta" porque los sueldos se volvieron míseros y las jornadas de miedo.

Los del 85 al 95 ya nacimos malditos porque tenemos el peso de lidiar con la tecnología, el dilema existencial de "no estar haciendo nada con nuestras vidas" y ver cómo poco a poco estamos más lejos de la adolescencia y se nos vienen encima achaques, presión social, depresiones y ataques de pánico cuando vemos a Juanito, el que era un burrazo en la escuela, ser Coordinador de su área, casado y con dos bellas criaturas.

Competencia es una palabra que se convirtió en nuestra más horrible pesadilla gracias a la SEP que repartió REVOES por todos lados e implantó políticas de no reprobación en las escuelas, ahora basta "medio saber leer" para aprobar la primaria, medio sumar y medio poder juntar dos palabras para tener el honor de llamarse licenciado en whatever you like.

Adiós a nosotros que nos rompimos la madre para buscar las tareas en la biblioteca, adiós a nuestro esfuerzo por hacer maquetas,proyectos y cuanto material didáctico nos fuera requerido. Hola a robar artículos de internet, pagar por que "alguien más capacitado" lo haga a cambio de unas monedas.

Yo no elegí esto, yo no elegí un mundo en donde cada vez pagan menos y exigen más, donde ser multitasking ya no es una opción, sino obligación. Y sobre todo no quiero un mundo laboral en donde mi trabajo sea sustituible y desechable porque hay 500 detrás mío esperando por el privilegio de ganar 200 pesos diarios.

A mi nunca me enseñaron a emprender, mi vida fue la escuela y esta situación me ha hecho pensar que me equivoqué desde ese 2006 en que me puse necia y quise ser periodista. No sé si elegí bien, si elegí mal o si esta crisis laboral perpetuada me ha hecho ser amargada y derrotista.

Yo sé que tú que trabajas te has matado años para librarla, te han tocado desveladas, malos tratos, hambres, semanas de ahorrar para un par de zapatos y todo eso, pero ¿es justo eso?, ¿es justo que estés en donde estás?, ¿ambicionas más o así te vas a quedar?. Te comprendo si eso quieres, porque lo que hay no es precisamente alentador.

Te pongo todo esto sobre la mesa porque ya tenemos a otra generación encima, ya los nacidos después del terremoto y hasta la famosa crisis del 95, estamos a nada de dejar de ser "los chavos" y nos toca guiar a los novatos en el camino del trabajo. Pregúntate y sé sincero: ¿aún recomiendas estudiar o crees en la cultura de emprender?.

Por lo pronto, yo renuncio a esta generación y sus asuntos vitales, ya nada me interesa y me declaro incompetente para aconsejar a los jóvenes, porque yo misma no soy ejemplo de nada. Mi existencia quizá sirva para ejemplificar lo que nunca deben hacer.

No es queja, dejé de quejarme cuando vi que gente mejor que yo está peor en el mundo laboral, simplemente son cosas que no comprendo y lo que no comprendo, termina por valerme tres kilos de verga.