viernes, 10 de abril de 2015

¡Chingas a tu madre, pinche México!

Periférico Oriente, colonia desconocida. Veo las puertas abrir y siento esa descarga de adrenalina que pega en el esternón y recorre todo el cuerpo, mi madre y la vida me enseñaron que se llama intuición.

Cuatro sujetos se suben rápido y sin depositar sus democráticos dos pesos en la alcancía, eso quiere decir problemas, aunque mi nula experiencia hace pasar el momento más en estado de shock que de susto. Comienzan a gritar lo que ahora catalogo de estupideces, hablan de que jugaremos a la pirinola y de que todos ponen.

Detrás de sus inocentes palabras se esconde un tímidamente violento:"Esto en un puto asalto" sin que tengan que decirlo. Todo se me vuelve borroso y entre la confusión veo ciudadanos, ya no asustados, sino encabronados, con cara de "¿otra vez esta semana?".

Manos hábiles esconden carteras, cadenas, celulares, lo que traigan de valor y yo, fiel a mi filosofía, extiendo la mano con lo único de valor comercial que tenía en ese momento: mi celular. Mi mente se adelanta dos pasos al escuchar, palabras más, palabras menos, que no escondamos las cosas porque nos van a "bolsear".

Empiezo a imaginar la "bolseada" y me hierve la sangre, me dan escalofríos poner en riesgo mi integridad por los 4 mil pesos que vale el artefacto que le entrego al tipo de sudadera azul. En mi mente lo maté, a él y sus cómplices, en mi mente fui la heroína del cuento.

Se bajan, han terminado de "trabajar" y yo reacciono al escuchar un :"¿estás bien?" y no, no estoy bien, pero digo que sí y me paso un trago de saliva que se había quedado detenido los segundos que duró el asalto.

No me sorprende lo que pasó, no me sorprende ser parte de una estadística; me sorprende la reacción de los pasajeros que cuestionan mi decisión de "entregar" mis cosas, soy el centro de atención por un minuto y no cuestiono lo que hice.

Soy novata, quizá por suerte, quizá por precavida, quizá porque Dios siempre me ha querido mucho y no desea que viva con miedo, pero los pasajeros ya tenían cara de graduados y eso es lo que realmente asusta.

Ya en el Metro viene la reflexión de la inseguridad no es cosa de no tener trabajo o dinero, sino de ser un descarado patán que no tiene los tamaños para ser honrado y trabajar como hombre de bien y ¿sabes por qué?, porque en su familia no hubo guía, no hubo valores.

Sentí lástima, la peor emoción de mi catálogo. Lástima de de ver cómo luchar contra la corriente, cansa. Lástima de ver cómo se vulnera el derecho ajeno por lo material. Pero a pesar de eso, me di valor para gritar dentro de mí que somos amos y esclavos de nuestra sociedad, que México somos todos y hoy regalo un bonito ¡chingas a tu madre, pinche México! Porque tú solito te pones el pie, porque tu egoísmo te hace sirviente y porque eres lobo de tu hermano.

Siempre dejo mensajes para ustedes, mis buenos lectores, pero este mensaje va para los ladrones: Señores, la vida gira, los papeles cambian y también te puede tocar. Ojalá que te hagan cagarte de miedo, por mi parte ¡chingas a tu madre, junto con toda tu parentela!.





1 comentario: